Estoy mejor que nunca. Como no hacerlo, si por fin me encuentro nuevamente; como no hacerlo si por fin dejo que me encuentren; como no hacerlo si ahora vuelvo a comprender que en la crueldad de la vida es donde se esconden los mejores tesoros de uno mismo; como no hacerlo si tengo la constancia de que hay algo al otro lado del sol; como no hacerlo si ahora tengo la oportunidad de coquetear con las tensiones del prójimo, que generan mi rebeldía; como no hacerlo si lo racional es placebo y lo irreal no deja de ser fútil.

viernes, 26 de abril de 2013

DE IRONÍAS, SARCASMOS Y PARADOJAS

Dentro de la gran gama de frustraciones que acarrea la vida, uno empieza a evidenciar afanes falsos, que no llevan a ningún lado si se los emprende de manera individual; mas el retorno de los ermitaños al enlatado social tampoco aporta en gran medida para el cumplimiento de logros, cuando las utópicas aspiraciones nadan contra la fuerte corriente: del conformismo; el cinismo recalcitrante de las corrompidas sociedades; la sinvergüenzura del depredador sistema; la fábrica de ficciones sociales, que a manera transnacional, se globaliza al mismo ritmo que las pestes y las artes del consumo; la perpetración de injusticias, desigualdades y servilismos; acompañadas por la máquina de represiones, generadora del poder discriminatorio y el autoritarismo: ésta, la mismísima institución embrionaria de gobiernos coartadores de libertades y sensores de obligaciones. Arpías del poder que siempre se encuentran para asociarse en sus cometidos. Ingenieros del mal, expertos del camuflaje, generadores de instrumentos e instituciones que mantengan la solvencia de su poder, garantistas de su gobernanza a costas del soberano, encuban en sus entrañas aquellos mitos que nos embrutecen.

Por ellos, en merecida loa a su magnificencia: fomentemos drogas y religiones, porque sólo con fármacos y placebos, útiles para sobrepasar los límites de la realidad y liberarnos de preocupaciones, rutina y avatares,  podemos aguantar las tribulaciones de una vida cada vez más dura, de un entorno cada vez más hostil, de un panorama azabache cada vez más tostado. Promulguemos más constituciones ampulosas para justificar el papel que genera nuestras deforestaciones.; paralelamente deforestemos y destruyamos nuestra naturaleza, ya que es preferible vivir rodeados de plástico, material altamente maleable y satisfactor de pretensiones; sigamos creando instrumentos de comunicación digital, porque sólo así garantizamos el consumismo, el marketing y especialmente reducimos la necesidad de mirarnos a los ojos, tomarnos de la mano y expresar nuestro humanismo recalcitrante. La pena de muerte, el sicariato y la “ley de fuga” se hacen imperiosas, dado que sólo la matanza de pobres puede atenuar el hambre y las injusticias económicas

Todo este aparato del canibalismo humano nos absorbe, nos robotiza y nos hace engullir cicuta a título de antibióticos. Nos guía para ser siempre envidiosos, porque la ponzoña y la hipocresía nos hacen más sociables, al mismo tiempo que imperan los nuevos axiomas del ritmo moderno: hagámosle el mayor daño posible al prójimo, para así sentirnos superiores; acaparemos la propiedad para que nada nos haga falta y poder consumir lo que el sistema oferta, absolviéndonos además de cualquier imputación por hurto o robo, ya que los únicos delincuentes son los indigentes; hagámonos a los altruistas para compensarnos con réditos fiscales; lavemos con cloro nuestros cuellos para tenerlos siempre blancos; fomentemos la prostitución y el machismo para que a la mujer golpeada no le falte la plata; apuñalemos por la espalda, que así garantizamos recuperar nuestros puñales.

Gocemos de vivir en la servidumbre y desamparo, porque ello nos atenuará las penas del infierno, haciéndolas más llevaderas por la fuerza de la costumbre; impulsemos el servicio militar obligatorio, porque sólo así garantizamos que se hagan cosas honorarias a favor de nuestro indispensable protector, el Estado; no dejemos de fortalecer a la policía y al ejército, para que las matanzas legales sigan superando a los delitos comunes; financiemos las guerras que mantienen el equilibrio natural, sobreviviendo sólo los más fuertes y dando cabida a nuevas sanguijuelas. Construyamos muros en nuestras fronteras para evitar la migración y así atenuar la xenofobia. Sigamos financiando armas de destrucción masiva, la cara encubierta del verdadero terrorismo mundial; repartamos capuchas e impulsemos sanguinarios atentados, que den razón de existir a los estados y el autoritarismo. Tomemos el poder para que los oprimidos sean otros y la tortilla se queme de ambos lados. Apoyemos el sufragio obligatorio, para despreocuparnos y sentirnos representados el resto del periodo gubernamental, absolvernos de culpas, ahorrarnos excusas e incrementar argumentos a la crítica y catarsis que acentúan nuestra prestancia intelectual.

Mientras tanto se siguen propagando las ansiadas áreas de equipamiento, bien utilizadas para camuflar torturas: requerimos más cárceles para reducir el hacinamiento, pues ya no basta con la inserción de armamento a los penales o creación de pandillas con objetivos de selección natural; que corra sangre porque las togas están perdiendo su tono punzó. Endurezcamos las penas, aumentemos la tipología penal, seamos draconianos, así se generará más deseo y la población verá que el sistema funciona en la ejecución de crímenes gubernamentales; que nuestros impuestos paguen la construcción de más centros penitenciarios, cual es la única forma conocida de garantizar un techo a todos los pobres. Si alguien pide educación, ahí les justificaremos que la prisión es aquella escuela que lleva a la superación y especialización, por lo que debe ser siempre bien vista, aunque la rehabilitación sea a través de la muerte o eutanasia.

Todo se compra, todo está a la venta; el rey billete gobierna nuestras adquisiciones y con él logramos lo que queremos, desde soborno hasta alimento, desde lo tangible hasta lo intangible, todo vale un pedasucho de papel manoseado. La usura ya es un método eficaz para reducir alguna pobreza e incentivar emprendimientos financieros. Ahora sólo nos queda vender nuestra libertad a regímenes autoritarios que impongan la igualdad de abajo hacia arriba; propugnar el fascismo en todas sus fases, para que la gente vea las ventajas de las ideologías libertarias. Reinstauremos las dictaduras para que exista homogeneidad de pensamiento y así dejemos de confundirnos con tan amplia lluvia de ideas. ¡Represión permanente! eso es lo que necesitamos, para que la gente empiece a valorar su libertad, seamos borregos y dejemos de cuestionar, porque sólo así nos dejarán en paz y exentos de persecuciones: quien piensa no lo dice, porque el que dice lo que piensa no piensa volver a decir algo, una vez pasada su pena capital. Sólo los ventrílocuos pueden hablar, ya que las marionetas que representamos corremos el riesgo de caer en la hoguera si no les gusta lo que pensamos.

Por último, toca tomarnos un antiácido, para que nuestra mente deje de cuestionar el orden establecido y el pensamiento crítico deje de calentarnos las ideas, que dicho sea de paso, nos dan migraña si no es insomnio innecesarios, pues nuestras lápidas llevan el nombre debajo del derecho de expresión.

26/04/2013

2 comentarios:

  1. Espero que todo lo que dices, no sea usado en tu contra, que en la vida he visto lo fácil que es sacar las frases de su contexto para "hacer decir" lo contrario... sin contar que no todos entienden la ironía de nuestras sobremesas familiares.
    Un abrazo grande.

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  2. Evidentemente es un gran riesgo, pero siempre conviene pecar por acción que por omisión... al final de cuentas "nuestras lápidas llevan el nombre debajo del derecho de expresión" :)

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