Estoy mejor que nunca. Como no hacerlo, si por fin me encuentro nuevamente; como no hacerlo si por fin dejo que me encuentren; como no hacerlo si ahora vuelvo a comprender que en la crueldad de la vida es donde se esconden los mejores tesoros de uno mismo; como no hacerlo si tengo la constancia de que hay algo al otro lado del sol; como no hacerlo si ahora tengo la oportunidad de coquetear con las tensiones del prójimo, que generan mi rebeldía; como no hacerlo si lo racional es placebo y lo irreal no deja de ser fútil.

jueves, 14 de agosto de 2014

FIESTA DEMOCRÁTICA

¡Qué alegría se siente en el ambiente! Es realmente notoria la proximidad de la fiesta democrática que, como toda fiesta, promete mucho a raíz de su aparición esporádica y la larga espera a la que nos obligó su recurrencia. Como toda fiesta carga muchas esperanzas susceptibles de convertirse, con toda seguridad, en frustraciones que alimenten una nueva espera hasta su próximo capítulo. En efecto, esa expectativa de mejorar las cosas a través de un sufragio quinquenal, deja en nosotros el sabor de triunfo por el sólo hecho de plasmar dibujo libre en un pedazo de papel colorido, en el cual algunos alimentan su vocación de agregar bigotes o lentes a los personajes plasmados, ora escribir groserías que sólo disfrutarán un selecto grupo de delegados, ora colocar conscientemente una pequeña cruz dentro de un único recuadro esperando por arte de magia hacerlo tridimensional al oráculo que lo representa, para que éste nos conceda tras su humeante aparición, los tres deseos fundamentales que resolverán el resto de nuestras particularidades.

Pero bueno, más allá de lo folklórico que pueda sonar el hecho de creerse parte activa en nuestra vida extra doméstica, en la que realmente nos tienen bien domesticados además, viene bien imbuirse de un poco de imperativo categórico y ser críticos pensantes de lo que realmente representa y cual su verdadero alcance:

En primer lugar, lo que ya acarreaba implícitamente lo anterior, se debe tener siempre presente que la responsabilidad de ciudadanía nunca debe quedar limitada por las urnas, cosa que se complica a medida que le delegamos poder a un autoritarismo centralista;

En segundo lugar, se debe tener bien en cuenta que todo contrato se perfecciona con la manifestación de voluntad de las partes cuyos vicios de nulidad se resumen en la obligatoriedad y violencia impresas en algún sujeto, por tanto, el contrato social debe perfeccionarse con la manifestación de voluntad de los soberanos, los cuales se muestran a través de un proceso llamado sufragio, que se vicia de nulidad al momento de establecerse su obligatoriedad;

En tercer lugar, siguiendo en el marco de análisis contractual, se exige que los contratos sean sinalagmáticos, equitativos, conmutativos, sensato para ambas partes y vemos que siempre se llevan la mejor parte quienes arrogan nuestro poder, para atragantarse de intereses mezquinos sin resolver realmente lo que enuncia el mandato que les transferimos.

En cuarto lugar, el carácter de eligibilidad exige siempre que existan contrastes y diferencias entre las cuales se pueda tomar una decisión, mas en la generalidad de los casos, somos tan adolecentes que nos conformamos con simples matices en el augurio de sometimiento.

En quinto lugar, las reglas del juego deben ser iguales para todos los contendientes, claras, predefinidas, transparentes y fundamentalmente sin hacer uso indebido de recursos que no les pertenecen, ergo el poder del Estado en casos de candidaturas oficialistas.

En sexto lugar, las bases de conocimiento respecto al proceso al cual estamos alimentando: saber cuál es el programa de cada candidatura, sus verdaderas diferencias del resto, sus verdaderas intenciones, además saber en qué contexto se mueve todo el proceso, conocer datos de censos, veracidad de encuestas, veracidad de información vertida, origen y pretensiones de cada contendiente, incluso el grado de angurria que los impulsa.

Séptimo lugar, tener acceso absoluto y transparente a los corolarios veraces del proceso, lo cual es imposible desde el momento en que se desechan las pruebas supuestamente plasmadas en una buena fe de quienes certifican los resultados.

En fin, pueden ser muchos los tópicos a analizar en cada proceso electoral, los cuales de cierta manera nos podrían esclarecer de cierto modo la sinceridad con la que nos llevan a pastar a su establo los próximos amos de nuestras vidas. Pero lo de turba borreguil no nos lo quita ni la más cruel trasquilada, porque a pesar de los desencantos, seguiremos esperando con ansias la próxima fiesta de placebos y dopaminas, llena de matufias entrelazadas que surcan las pulsaciones del ser sumiso ataviadas con surrealismo y psicodelia.

14/08/2014




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