Estoy mejor que nunca. Como no hacerlo, si por fin me encuentro nuevamente; como no hacerlo si por fin dejo que me encuentren; como no hacerlo si ahora vuelvo a comprender que en la crueldad de la vida es donde se esconden los mejores tesoros de uno mismo; como no hacerlo si tengo la constancia de que hay algo al otro lado del sol; como no hacerlo si ahora tengo la oportunidad de coquetear con las tensiones del prójimo, que generan mi rebeldía; como no hacerlo si lo racional es placebo y lo irreal no deja de ser fútil.

jueves, 12 de septiembre de 2013

CIUDAD DE GRIETAS

La primera impresión siempre remarca lo agobiante que pudiera ser tener un horizonte limitado por el capricho de la orografía: cada despertar, cada desperezamiento, cada apertura de ojos, lleva a la inevitable evidencia de encierro permanente. Este alucinante claustro en el que vivimos nuestra cotidianeidad, que se revela con gran esplendor cada vez que arrancamos la vista a través de las ventanas.

Efectivamente vivimos en una olla, no siempre de grillos, pero si perenne vasija de barro. Despertamos y dormimos, vivimos y soñamos dentro de un abrigo constante de serranías, coronadas por el gigante nevado. Mas, a la larga, notamos que se nos hace indispensable su presencia, que no podríamos concebir la vida sin su cobijo; de la misma forma que evidenciamos, con la experiencia, aquellas opciones semiclandestinas de filtrarnos por sus hendeduras cual gotas constructoras de estalactitas.

Permeabilidad encubierta que obliga a una adaptación entre los resquicios de una filtración. Poesía absoluta que se hace vigente en la diplomática actitud de convivencia. Oda sintética a un caos de vigencia absorbente, caos exigente cuya interpretación requiere de un profundo análisis de sus grietas y en cuyo ámbito de supervivencia se precisará siempre el espacio clisado.

10/9/2013

2 comentarios:

  1. Muy bueno!!! Grietas húmedas, grietas de colores, grietas peligrosas, grietas dominadas, grietas atravesadas, grietas sorprendentes.

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  2. Caos, si, agobio, jamas. Amo mis montañas, que antes de hacerme sentir prisionera en encierro de olla, me hace pensar en el espíritu indómito de cabras que no las habitan.

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